Buenos Aires en 1822
“Si uno se levanta muy temprano en Buenos Aires, donde nadie es madrugador, ni siquiera los obreros, se ve al principio completamente solo en las calles… Pronto, sin embargo, la ciudad despierta: se ven en primer lugar las carretas de los pescadores que regresan de la playa […] vienen después los aguateros trepados en el yugo que une a los bueyes de la yunta, mientras que una campanilla atada a un montante anuncia su paso. Luego llegan toda suerte de vendedores a caballo; los lecheros, adolescentes, de cuclillas en medio de los tarros de lata llenos de leche, o los distribuidores de pan, sentados entre dos grandes canastas de cuero llenas de panes gruesos como el puño o más pequeños, según la abundancia o la escasez de las harinas…”. (D’Orbigny, Alcides; Memoria sobre el estado rural del Río de la Plata y otros informes, Bajel, 1943).


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