COSITAS DE NUESTRAS PRIMERAS DAMAS: JUANA LARRAZÁBAL DE SOBREMONTE
La sonatina de Rubén Darío hablaba de princesas, pero es que no las hubo en el Plata sino más al norte, en Río de Janeiro, donde sentó reales doña Carlota Joaquina de Borbón escapando de Bonaparte. Mas al sur apenas si hubo algún marqués, como Sobremonte, quien se casó en 1782 con la porteña Juana Larrazábal convirtiéndola en marquesa. Y Juana lo tomó al pie de la letra.
Mientras daba a luz todos los años hasta la cuenta de catorce, estrenaba su título de nobleza en la señorial Córdoba, donde su marido, futuro virrey del Río de la Plata, era gobernador. Dicen que lo de marquesa se le subió allá arriba y que sus humos eran ya una humareda, despertando el odio de quienes veían en ella solo a una criolla engreída. En Buenos Aires se potenciaron sus ínfulas, al extremo de provocar la enemistad del Cabildo. Y cuando no podía pasar nada peor sucedió algo peor: los ingleses invadieron la ciudad, y Sobremonte salió huyendo como ya se sabe.
De allí en más la vida de la marquesa
fue en franco declive hasta terminar sola y abandonada, casi en la pobreza, tuberculosa,
en 1817 en la Río de Janeiro de la fugitiva Carlota. Para entonces otra Juana,
hija del ex virrey Del Pino y no por ello con los humos y vanidades de su
tocaya, penaba por la larga ausencia de su esposo, el mulato Bernardino
Rivadavia. También ella fallecería en Río de Janeiro, sola y enferma, en 1841. Para
entonces Carlota había muerto hacía una década y reinaba su nieto, Pedro II, el
último emperador del Brasil.


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