COSITAS DE NUESTRAS PRIMERAS DAMAS: ROSA GONZÁLEZ DELGADO DE SÁENZ PEÑA

 Años después de haber enviudado de Roque Sáenz Peña (presidente argentino entre 1910 y 1914), Rosa González Delgado se fue a vivir al Palacio de los Patos, el emblemático edificio de Ugarteche y Cabello, en Palermo, llamado de ese modo porque allí iban a parar quienes habían perdido su fortuna. ¿Habrá ocurrido lo mismo con ella? No lo sé. Si sé, en cambio, que era una de las hijas mellizas del matrimonio formado por Lucas González Pinto y doña Rosa Delgado Ibarbaltz, miembros de antiguas familias mendocinas. Y muy ricos, sobre todo. Tanto que la niña Rosa vivió algunos años en Londres y otro tanto en Nápoles, lugares en donde estudió y regresó culta, sabiendo hablar perfectamente ingles e italiano, y hasta cantar, porque durante un tiempo cultivó la lírica.



Rosa conoció a Roque cuando ya era grande, para la mentalidad del siglo diecinueve: tenía 28 años. Había nacido en 1858, y su futuro novio, que llegaba con el corazón herido, siete años antes. ¿Por qué eso del corazón herido? Porque Roque se había enamorado de su hermana sin saber que era su hermana (era una hija extramatrimonial de su padre Luis, que también fue presidente), y a punto estuvo de suicidarse cuando lo supo. Optó por morir en la guerra, y fue oficial peruano en la Guerra del Pacífico (1879-1884), donde fue herido y estuvo prisionero, pero no murió como era su deseo.

Rosa y Roque fue la única pareja presidencial que residió en la Casa Rosada, después de ponerla en condiciones. Construyeron tres salas, una renacentista, otra Luis XV y la tercera Luis XVI. Un gran comedor estilo francés, una biblioteca, un dormitorio para el presidente y otro para la primera dama. En el Salón Blanco se daban banquetes en los que se servían hasta doce platos distintos y el menú siempre estaba escrito en francés. La vajilla era de porcelana inglesa y francesa, igual que la platería y la cristalería. 



Una última curiosidad sobre Rosa: rechazaba los carruajes oficiales porque prefería viajar en tranvía, pese a las quejas de su custodia...  


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