Cositas de nuestras Primeras Damas (30)
Los unió el amor y el espanto. El espanto primero, porque no bien se conocieron o un poco después, se enteraron el uno de la desgracia del otro. Carmen Nóbrega (1836-1899) de la escalofriante muerte del padre de Nicolás Avellaneda (1837-1885), Marco, degollado a los 28 años por el coronel Mariano Maza en Metán, Salta. Nicolás, del no menos horrible fallecimiento del padre de su novia, el portugués unitario Juan Nóbrega, también degollado. Las dos cabezas fueron sesgadas y exhibidas en forma pública para amedrentar al bando vencido en las luchas civiles.
Se casaron en 1861 en la iglesia de San Ignacio. Trece años más tarde Nicolás fue elegido presidente de la Argentina, y Carmen se transformó en primera dama.
¿Fueron felices? Solo ellos podrían contestar la pregunta. ¿O los condicionó el pasado? A Nicolás, parece que sí: sufría de terribles pesadillas, obsesión por la muerte, insomnio, padecía de neurastenia aguda, estaba triste en los días felices y siempre agitado. Murió joven, a los 48 años, en alta mar, cinco años después de haber dejado la presidencia.
Ella le sobrevivió hasta el final del siglo. Fue madre de doce hijos y tuvo una vida sin sobresaltos, rodeada de lujos. La casa familiar estaba sobre la actual calle Moreno, entre Piedras y Chacabuco. Era el centro de la intelectualidad y de la clase política argentina en el último tercio del siglo diecinueve. Carmen fue la Victoria Ocampo de la época, multimillonaria, mecenas de los artistas y famosa por las reuniones que organizaba. En alguna ocasión se juntaron en su hogar cinco presidentes: Roca, Avellaneda, Pellegrini, Luis Sáenz Peña y Victorino De la Plaza.


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