Cositas de nuestras Primeras Damas (29)
La última virreina que ejerció como tal en Buenos Aires fue Inés Gaztambide y Ponce, esposa de Baltasar Hidalgo de Cisneros. ¿Qué sabemos de ella? No mucho. Que tenía 23 años cuando se casó con el marino español, un mozo de 30 años, y 45 cuando llegó a Buenos Aires en 1809. Que era hija de Esteban Gaztambide, un vasco de Navarra, y de Francisca Xaviera Ponce, murciana de Cartagena. Y que del matrimonio nacieron cuatro varones: José María, Baltasar, Esteban y Francisco de Paula. También sabemos que se quedó sola en Buenos Aires con los cuatro hijos cuando a su marido la Junta lo subió a la fuerza a un barco inglés y lo mandó directo a las islas Canarias, un mes después de la Revolución de Mayo.
Era 1810, el año glorioso de nuestra historia, pero el peor en la vida de esa mujer. Inés, que también se llamaba Ana, y María, y Dolores, tuvo que abandonar la mansión donde vivía con Cisneros y alquilar una pequeña casa cerca de la Plaza Mayor. Y vender sus sillas y armarios, sus sofás y alfombras, sus lámparas y las libreas del virrey, que quedaron intactas sin darle tiempo a meterlas en el baúl de Cisneros antes de que lo embarcaran. Pasaban los meses y la orgullosa mujer estaba hecha un despojo, iba de humillación en humillación.
Tuvo también que desprenderse de los dos carruajes, de los esclavos y de las tierras adquiridas en San Isidro, ricas en cebada. Pero nada alcanzó. Nada fue suficiente para pagar la deuda contraída con el comerciante vasco Juan Bautista Elorriaga, cuya casa en altos, restaurada, aún subsiste en la esquina de Defensa y Alsina.
La deuda no llegó a pagarse en vida de Cisneros, pese a que el exvirrey murió veinte años más tarde, en Cartagena, donde había nacido. Fue el peor negocio del próspero Elorriaga, defensor del absolutismo, quien para colmo tuvo que soportar, puertas adentro, en medio de sus pesares, apasionadas discusiones con su cuñado, el sacerdote patriota Saturnino Segurola, a quien en 1810 la Junta puso al frente de la Biblioteca Nacional.


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