Cositas de nuestras Primeras Damas (25)

 No le pasó inadvertido a Facundo Quiroga durante la revista de sus tropas, que uno de sus hombres, un tal Nazario Benavídez, estaba demasiado inquieto. El Tigre de los Llanos era un gran observador de la conducta humana, y se había hecho famoso entre su gente por su capacidad de detectar las mentiras y las traiciones. Mandó llamar a Nazario, y el joven sanjuanino no tardó en confesar: estaba enamorado. Si, muy enamorado de una hermosa muchacha llamada Telésfora Borrego, con quien se quería casar, pero la familia de ella se oponía con vigor. Eso era lo que lo tenía nervioso. 



“Disculpe usted, mi general”, agregó Nazario avergonzado. “Déjemelo a mí”, dijo Quiroga con esa voz profunda que lo caracterizaba. Y Facundo puso manos a la obra. Habló con la futura suegra y, una semana más tarde, estaba resuelto el matrimonio. Es más, Quiroga fue el padrino de la boda.



 Telésfora… Ella tenía 18 años cuando se casó con Nazario, él 31. Fue un matrimonio feliz y tuvieron diez hijos, dos veces mellizos. Él era de origen humilde, ella provenía de una familia muy rica. Benavídez llegó a ser, y sigue siendo, el gobernador que más tiempo se mantuvo en el poder en su provincia, San Juan: un poco más de veinte años. Era un hombre magnánimo, de gran corazón, como reconocieron hasta sus más encarnizados enemigos. Pese a esas virtudes, no pudo eludir el cruel destino que tuvieron buena parte de los protagonistas de las guerras civiles del siglo diecinueve. Fue asesinado y su cuerpo mancillado, para dolor de Telésfora, que había movido cielo y tierra para evitar su muerte. Era el año 1858. Ella murió diez años después.

Una de las últimas cartas que escribió Sarmiento, quien se había regocijado por el asesinato de Nazario treinta años antes, dice: “En la casa de Benavides, su señora viuda pondrá el retrato más grande que tenga del general Benavidez, a quien debe San Juan, por su moderación, que no se derramase sangre en su gobierno”


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