LA ISLA DE LOS PIRATAS
Hubo una vez un grupo de franceses perseguidos por la justicia que llegó a América buscando una vida mejor. Y la encontró en la isla La Española (actualmente la comparten la República Dominicana y Haití), donde abundaban las vacas en suficiente número como para garantizarles la comida. Pero el bienestar no duró mucho. La isla pertenecía a España -por entonces (hablamos del siglo dieciséis) primera potencia del mundo- y los franceses ponían en riesgo su soberanía.
Los franceses vivían en un estado de completa libertad; nadie los mandaba ni reconocían autoridad alguna. Esta clase de existencia atrajo a fugitivos, esclavos, indios rebeldes, desertores, perseguidos por la religión, etcétera. Los españoles los llamaban bucaneros, una palabra que deriva de bucan, nombre que los indígenas daban al lugar donde asaban la carne (la parrilla). Y esto porque aquellos hombres se dedicaban a cazar vacas y toros para vender luego sus cueros y carne asada a las tripulaciones de los barcos. Hartos de ese reino sin ley, los españoles acorralaron a los bucaneros y los obligaron a dejar la isla a punta de mosquete.
¿Adónde fue a parar aquella gente? No muy lejos: a otra isla (casi un islote) que se encuentra al norte de Haití. La llamaron “Tortuga” por su forma similar a la de estos animales. No bien llegaron debieron resolver un dilema de hierro: ¿de qué vivir? A algunos se les ocurrió hacerse a la mar con sus botes para ir a cazar vacas a Haití y regresar después. Otros optaron por asaltar los barcos que se aproximaban a la costa. Estos últimos recibieron el nombre de filibusteros.
La palabra filibustero proviene del inglés freebooter, algo así como el que va “a la captura del botín”, como cualquier pirata. Cuando los hombres de la isla Tortuga comenzaron con esta actividad, tomaron algunas prevenciones para evitar que les sucediera lo mismo que en La Española: decidieron unirse. Así fue como crearon la “Cofradía de los Hermanos de la Costa" con un gobernador a la cabeza, aunque sin código ni ley alguna.
Durante un siglo aterrorizaron a las tripulaciones de los barcos mercantes en el Mar Caribe, hasta que el ejército español, con su poderío, consiguió vencer su resistencia. La isla Tortuga, desde entonces, pasó a formar parte de la leyenda. Es apenas un islote de 180 kilómetros cuadrados donde hoy viven veintisiete mil habitantes dedicados a la pesca, el comercio y el turismo. Fue propiedad de Francia a partir del siglo diecisiete y hoy pertenece a Haití.
Los franceses vivían en un estado de completa libertad; nadie los mandaba ni reconocían autoridad alguna. Esta clase de existencia atrajo a fugitivos, esclavos, indios rebeldes, desertores, perseguidos por la religión, etcétera. Los españoles los llamaban bucaneros, una palabra que deriva de bucan, nombre que los indígenas daban al lugar donde asaban la carne (la parrilla). Y esto porque aquellos hombres se dedicaban a cazar vacas y toros para vender luego sus cueros y carne asada a las tripulaciones de los barcos. Hartos de ese reino sin ley, los españoles acorralaron a los bucaneros y los obligaron a dejar la isla a punta de mosquete.
¿Adónde fue a parar aquella gente? No muy lejos: a otra isla (casi un islote) que se encuentra al norte de Haití. La llamaron “Tortuga” por su forma similar a la de estos animales. No bien llegaron debieron resolver un dilema de hierro: ¿de qué vivir? A algunos se les ocurrió hacerse a la mar con sus botes para ir a cazar vacas a Haití y regresar después. Otros optaron por asaltar los barcos que se aproximaban a la costa. Estos últimos recibieron el nombre de filibusteros.
La palabra filibustero proviene del inglés freebooter, algo así como el que va “a la captura del botín”, como cualquier pirata. Cuando los hombres de la isla Tortuga comenzaron con esta actividad, tomaron algunas prevenciones para evitar que les sucediera lo mismo que en La Española: decidieron unirse. Así fue como crearon la “Cofradía de los Hermanos de la Costa" con un gobernador a la cabeza, aunque sin código ni ley alguna.
Durante un siglo aterrorizaron a las tripulaciones de los barcos mercantes en el Mar Caribe, hasta que el ejército español, con su poderío, consiguió vencer su resistencia. La isla Tortuga, desde entonces, pasó a formar parte de la leyenda. Es apenas un islote de 180 kilómetros cuadrados donde hoy viven veintisiete mil habitantes dedicados a la pesca, el comercio y el turismo. Fue propiedad de Francia a partir del siglo diecisiete y hoy pertenece a Haití.



Comentarios
Publicar un comentario