IVÁN Y LA CAPA DORADA (Fragmento de la novela)

"...¿Adónde me había llevado la capa dorada? Unos segundos después se dilataron mis pupilas y pude distinguir el lugar.

¡Qué cuadro más perturbador apareció ante mis ojos! ¡Qué aposento más lúgubre y sombrío! Vidrios pintados sellaban por completo las ventanas de esa bóveda estrecha y alta. Un hombre estaba sentado frente a un pupitre, rodeado de pilas de libros roídos por la polilla y cubiertos de polvo. ¿Había sido él quien habló? 



El recinto era un amontonamiento de aparatos e instrumentos de todo tipo, la mayoría oxidados o abollados. Un vapor rojizo y de olor penetrante salía de uno de aquellos cachivaches cruzando el aire como un fantasma. 

Una calavera blanca parecía seguir atentamente la acción desde una repisa.

— ¿Quién eres tú? ¿Otro discípulo? ¡No estoy para nadie! –disparó con ira el señor aquel desde su silla con gesto de pocos amigos. El cabello caía revuelto sobre su cara y parte de la camisa, manchada con mil ungüentos de infinitos colores. 

Sus palabras me dejaron petrificado.

— Aunque ahora que te veo mejor, no eres ningún discípulo. Apenas un niño que no debe contar más de diez años, ¿me equivoco? Y tu aspecto... tu ropa... mmmm... ¿De dónde has sacado esa hermosa capa que brilla tanto? Mmmm... ¿No serás el espíritu de la tierra, ¿no? –el hombre no dejaba de hablar y yo seguía con la boca abierta como un hipopótamo en el zoológico. 

— ¡Terrible burla del destino! Un espíritu de la tierra niño o... ¿no serás un enano quizá?... ¿Para esto he aguardado tanto tiempo?... ¿De qué me han servido todos estos años de estudios y estudios?

— ¡Eh! ¡Un momento! –lo interrumpí— No soy ningún espíritu sino alguien de carne y hueso. Y llegué aquí porque me trajo la capa… El problema es que no se dónde estoy. Si usted pudiera informarme...".



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