EL FIN DEL MUNDO EN EL AÑO 1000


Los historiadores han descartado la creencia común de que la humanidad vivió aterrorizada la llegada del año 1000 y el fin del milenio. Se supuso durante bastante tiempo que para la época se desató una verdadera ola de suicidios en el planeta -o al menos en Europa, que seguía el tiempo cristiano- y de saqueos ante el anunciado fin del mundo, lo que es negado por los estudiosos. Sin embargo, algo hubo.
La idea del fin del mundo aparece en casi todos los pueblos antiguos como un elemento fundamental de su religión o de su filosofía. Según el milenarismo cristiano, Cristo debe gobernar el mundo durante un período de mil años, lo que proviene de una vieja tradición judaica. 
En el Apocalipsis de San Juan aparece que el reino mesiánico debe durar mil años y que después aparecerá Satanás por poco tiempo y será destruido. Entonces saldrán de sus tumbas los hombres para ser juzgados por sus pecados. Es el juicio final.
Los libros proféticos judíos hablan de una inmensa catástrofe cósmica, de la cual surgirá una Palestina, que no será sino un nuevo Edén. Habrá un juicio: el día de Jehová, el día de la ira, en que el Sol y la Luna se oscurecerán, se juntarán los cielos y la tierra se estremecerá.
Ya desde los siglos dos y tres, los teólogos habían pronosticado que el Anticristo sería un judío de la tribu de Dan. La idea se aceptó en  la Edad Media por escolásticos tales como Santo Tomás de Aquino.
A mediados del siglo cuatro, cuando Constantino oficializó la religión cristiana, la Iglesia empezó a atenuar la creencia del fin del mundo en el año1000, inclinándose, más bien, por el carácter simbólico de las palabras del Apocalipsis. Además, había tantas dudas entre los teólogos respecto de las fechas, que no se podía tener certeza sobre este hecho capital. 
Según San Agustín (siglo cinco), en su libro La ciudad de Dios, el Apocalipsis debió ser interpretado como una alegoría espiritual.
 Otras áreas del pensamiento religioso conservaron la creencia en la hecatombe del año 1000 y, ante su proximidad, comenzaron a impacientarse. En 909 el Concilio de Trosly invitó a los obispos a que estuvieran preparados para dar cuenta de sus actos, pues el día del Juicio estaba próximo. 
En 960 el eremita Bernardo anunció el fin del mundo. 
Hacia el año 975 corrió el rumor en Lorena de que el mundo terminaría el año en que coincidieran la Anunciación y el Viernes Santo, fenómeno que sucedería en 992.   
Aquellos que estaban aterrorizados tuvieron que padecer la aparición de un cometa justo en el año 1000. Así lo relató un testigo: 
"Apareció en el mes de septiembre, al filo de la noche, permaneció visible cerca de tres meses. su resplandor era tal que parecía llenar la mayor parte del cielo, hasta que desapareció al sonar el canto del gallo".  
Según el asustado testigo, el meteoro trajo consecuencias: "Así, pronto sobrevino un incendio que consumió la iglesia de San Miguel Arcángel, construida sobre un promontorio del océano y que fue siempre objeto de particular veneración en el mundo entero".
Según Sigeberto de Gembloux y la crónica de San Medardo de Soissons, en el año 1000 también apareció un dragón celestial y ocurrió un terremoto, lo que no ha sido corroborado en otros escritos.
 La epidemia de los ardientes atacó con furor en 997; aumentaron las hambrunas para la época y en forma contemporánea ocurrió la herejía de Lieutard, que consistió en la negativa a pagar el diezmo (impuesto) a la Iglesia y consecuentemente, pisotear el crucifijo.
Como sea y mas allá de los miedos, el mundo siguió existiendo al pasar el año 1000, por lo que algunos supusieron que el milenio se cumpliría en el 1033, mil años después de la muerte de Jesús. Lo que sucedió ese año, finalmente, fue otra gran hambruna. Pero no hubo destrucción del mundo. Los terrores del año mil quedaron en anécdota.


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