Cositas de nuestras Primeras Damas (8)

Carolina Lagos fue la esposa de Carlos Pellegrini. Su nombre completo era Carolina Ignacia Lagos García de Arguibel, porteña, nacida en 1852 y fallecida en 1925. Fue un matrimonio sin hijos, pero muy feliz según los contemporáneos que conocieron a la pareja. Carlos, el presidente, estaba muy enamorado de su mujer, según lo revela su correspondencia, como esta carta que le escribió a su hermana Julia, que vivía en Hamburgo, a los cuatro días de casado:

"Te escribo desde mi nuevo hogar. Yo ya no soy yo, porque me he visto de la mañana a la noche cambiado en dos. Durante mi sueño, algún ángel bueno me sacó una costilla y con ella formó una nueva Eva. Al despertar la vi a mi lado y la tierra me parece un Edén. Estoy gozando de él sin temor y sin zozobra, porque siento y comprendo que, si la primera Eva fue la perdición de Adán, la nueva será la salvación de su hermano.

"¡Cuán desgraciado ha de ser el que nunca ha querido! Creo que el amor es al corazón lo que el fuego a los metales. El los ablanda, los purifica, los amolda, convierte una piedra tosca y grosera, llena de escoria e impureza, en una joya brillante y pulida, que refleja todos los bellos matices del iris".

La boda se llevó a cabo el 25 de diciembre de 1871 (el miso año que se desató la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires), en la Basílica Nuestra Señora del Socorro, donde Carolina había sido bautizada, en la esquina de Suipacha y Juncal. Los testigos fueron el padre de Carolina, don Juan Lagos, y la madre del novio, doña María Bevans de Pellegrini. 

Era un lunes de calor sofocante, cuentan los testigos, pero (según narra un artículo firmado por Deborah Maniowicz), los “allí presentes aguantaron estoicos y repletos de alegría ante la esperada celebración. La novia estaba más bonita que nunca. Su pelo negro contrastaba con la piel blanca de su rostro y el velo suave que la cubría. El gesto adusto de Carlos estaba intacto, la seriedad del compromiso lo requería. Las familias de ambos se dirigieron a la casa de Charcas y Cerrito: con una celebración íntima en casa de los Lagos luego de la iglesia, se selló el enlace. En esos tiempos, cuando aún no existía el Registro Civil, los bautismos, matrimonios y entierros quedaban registrados por la Iglesia”. 

Carolina fue sobrina de don Lino Lagos, uno de los fundadores de San Justo, Juez de Paz y presidente de la Corporación Municipal por varios años.




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