Cositas de nuestras Primeras Damas (7)

 La esposa del mercedino Héctor Cámpora, presidente de la nación en 1973, fue María Georgina Cecilia Acevedo Pérez, porteña, nacida en 1917, cuya familia era originaria en su totalidad de San Andrés de Giles. Cuando era primera dama hizo, en distintas ocasiones, estas declaraciones a la prensa:

“A mi marido lo conocía desde mucho antes de ponernos de novios. Yo tendría 12 años y él, que vivía en Mercedes, visitaba en San Andrés de Giles a un cuñado, también llamado Héctor. Él era estudiante universitario y yo, que soy hija única, pasaba mis vacaciones en Giles con mis padres, que nacieron allí. Cuando yo tendría 15 o 16 años falleció mi padre, que era jefe de Descuentos en la casa central del Banco de la Provincia de Buenos Aires. Entonces con mi madre nos fuimos a vivir a Giles. Por ese entonces Héctor ya se había recibido de odontólogo y había instalado su consultorio en Giles. Era muy buen mozo y un candidato realmente muy codiciado por las chicas del lugar. Profesional, joven y soltero. Un día, en esas vueltas de perro que se dan los domingos a la tarde por la plaza, empezamos a hablar. Así unas cuentas veces más hasta que nos pusimos de novios. Estuvimos tres años de novios hasta que nos casamos.

“No soy de tener miedo, pero estoy realmente preocupada por la responsabilidad. Nunca sospeché llegar a ser la esposa del presidente de la República. Nunca lo sospeché, ni nunca tuve ambiciones de ese tipo. Mi vida es muy humilde y me siento cómoda así. A la residencia de Olivos la conocí cuando Eva Perón y el general iban a pasar allí un mes. Antes, Olivos no era la residencia oficial. Ahora es distinto. Me dijeron que está muy cambiada. No lo sé, pero vivir o no vivir allí será una decisión que tomará mi marido.

“Creo que el momento más importante de mi vida fue cuando el general Perón nombró a mi marido su delegado personal. Eso fue en 1971. Nunca pensé que el general le hubiera dado a mi marido tanta confianza, porque mi marido tenía que representar -nada menos- que a una persona mundialmente famosa. A propósito, recuerdo la anécdota de mi primer encuentro con Perón después de 1955. Mi marido me llevó a Madrid en 1970, y cuando Perón apareció pensé de inmediato que era como si lo hubiera dejado de ver el día antes. Lo encontré igual. Me emocionó realmente mucho.

"Me gustan las mujeres con inquietudes. Me gusta la mujer que trabaja. El cambio en ese sentido ya se ha dado. Hoy cada vez más la mujer ha soltado ataduras y ha entrado de lleno a la vida política y cultural de la Argentina. Pero pienso que el papel de la mujer de un político, de la mujer de un presidente, debe ser distinto. Porque esa mujer debe acompañar y apoyar al hombre, y le debe preservar la cuota de intimidad que le hace falta. Es un papel muy difícil, muy difícil”.







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