Cositas de nuestras Primeras Damas (6)

 El "manco" Paz, en sus Memorias, comenta que su secretario, Santiago Derqui (fue presidente de la nación entre 1860 y 1861) visitaba desde hacía mucho tiempo la casa correntina de las García Cossio, cuya madre viuda lo recibía siempre con distinción. El objeto de sus afanes era su hija menor, Modesta, con quien había iniciado un noviazgo que, dado el tiempo transcurrido, era tan famoso como el mate en la capital de la provincia. La noticia del casamiento parecía siempre próxima, pero nunca llegaba. 

Un día Derqui se ausentó rumbo a Asunción del Paraguay, y para dar muestras de su compromiso se llevó consigo al hermano de Modesta (el viaje era en barco) para que lo asistiera en sus diligencias. Ese mismo día, por la noche, se presentó en la casa de la muchacha la señora María, madre del gobernador, Juan Madariaga, quien sin más trámite pidió la mano de Modesta para su hijo, ante la conmoción de la familia. ¿Qué hacer ante tal circunstancia? Madariaga no aceptaría un no, y ni siquiera un ni. La madre, acorralada, argumentó que su hija no podía casarse con el gobernador ya que ni siquiera lo conocía. Y, lo más importante de todo, que estaba de novia con Derqui, como los Madariaga bien sabían. Pero la otra mamá, la del todopoderoso caudillo, no aceptó la negativa y continuó con las visitas, a las que pronto se sumó el mismísimo gobernador, generando escenas tan tensas que el aire se cortaba con un cuchillo.

Madariaga estaba tan seguro de sí mismo que echó a correr la voz de su próximo casamiento, y de paso hizo una velada amenaza contra las García Cossio, comentando varias veces en público que "nunca aceptaría el desaire de una mujer".

Entretanto, la aterrada Modesta recibía regalos y hasta dinero en su hogar de parte del gobernador, sin saber nada del paradero de su adorado Santiago.

Como si se tratara de una comedia de enredos sucedió que el gobernador debió ausentarse de la provincia por un mes y, justo en ese momento, regresó Derqui de Paraguay. Enterado de lo ocurrido, no demoró en pedir la mano de Modesta, lo que fue aceptado de inmediato.

Cuando la asediada niña correntina comenzó a devolver los regalos y el dinero recibido de los Madariaga (ni siquiera abrió los paquetes), regresó el gobernador de su viaje. Madariaga juró vengarse y consideró que lo ocurrido, más que algo personal, era una traición a la patria…

De nada sirvió la intervención del general Paz: Madariaga era irreductible en su postura y exigía que las García Cossio rompieran su compromiso. ¿Y qué hizo entonces Derqui? Sorprendiendo a todos y despreciando riesgos, retó a duelo al gobernador. Pero Madariaga, como si los roles se hubieran invertido de pronto, rechazó el desafío, sosteniendo que esa no era la forma en que él arreglaba sus asuntos.

La sangre, finalmente, no llegó al río. La joven pareja (que inclusive pensó en marchar al exilio para consumar su matrimonio), se casó en Corrientes en una ceremonia que, suponemos, debe haber sido más breve de lo habitual. Para hacer esta afirmación nos basamos en el sentido común y en la resistencia que opuso el cura a presidir la ceremonia, temeroso de una venganza de los Madariaga.

Con los hechos consumados el gobernador desistió de su asedio y no cumplió con sus amenazas. Y los Derqui vivieron juntos hasta que la muerte los separó.

Una nota triste para el final: la pobreza de Santiago Derqui el día de su entierro (5 de septiembre de 1867) llegó a ser tal, que su viuda, la cortejada alguna vez por el gobernador, no pudo costearlo y recién se pudo concretar tres días más tarde gracias a una suscripción popular.




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