Cositas de nuestras primeras damas (2)

 Algún historiador panegirista asegura que quien fuera flamante reina de España el 31 de mayo del año seis del siglo veinte, la escocesa Victoria Eugenia de Battenberg, recibió una oleada de placer cuando le hablaron en su idioma natal en medio de la tragedia. Era un inglés puro, ortodoxo, perfecto, casi una melopea para sus oídos en medio de tanto grito, tantas palabras que no entendía. Momentos antes había explotado una bomba anarquista al paso de la carroza que la transportaba junto a su marido, el rey Alfonso XIII, por las calles de Madrid. El artefacto, que había sido arrojado desde un balcón de la calle Mayor camuflado dentro de un ramo de flores, rebotó en la capota de la carroza, que estaba plegada, y saltó a la calle, causando veintitrés muertos entre guardias y público en general. 

La reina había salvado su vida, pero llevaba el traje de bodas manchado con sangre cuando oyó que le hablaba, en perfecto inglés, una joven muy agraciada. Era la mendocina Rosa González, esposa de Roque Sáenz Peña. La pareja había sido enviada en representación del gobierno argentino por el presidente José Figueroa Alcorta.

Rosa había nacido en el seno de una familia rica. Su padre, 

el doctor Lucas González Pinto, y su madre, doña Rosa Delgado Ibarbaltz, pertenecían a antiguas familias mendocinas. Don Lucas fue ministro de Mitre y de Avellaneda, y aprovecho su designación como representante de la diplomacia argentina en Inglaterra, para educar en Londres a sus hijas mellizas, Rosa y Josefina. 

De Rosa y Roque, pareja presidencial a partir de 1910, se sabe también que fue la única que habitó en la Casa Rosada. Otro dato: su hija, también llamada Rosa, fue esposa del premio Nobel de la Paz, Carlos Saavedra Lamas.




Comentarios

Entradas populares