Cositas de nuestras Primeras Damas (13)

El matrimonio entre Dolores Costa y Justo José de Urquiza tuvo algunas particularidades. La primera: quien fuera presidente de la Confederación Argentina (1854-1860) le llevaba treinta años exactos a la mujer cuando se unió a ella (él nació en 1801, ella en 1831); la segunda, que para el momento en que se conocieron (en 1851, en un baile), él tenía al menos 12 hijos producto de diversas relaciones; y la tercera, un verdadero toque de modernidad: la pareja convivió sin “papeles” cuatro años, hasta que decidieron formalizar en 1855. La ceremonia, sin embargo, no cumplió con ciertos requisitos y tuvo que ser revalidada diez años después, cuando ya habían traído al mundo casi una docena de descendientes.

Dolores, cuyo nombre completo era Facunda Dolores Costa Brizuela, era una belleza de 20 años cuando la conoció Urquiza, por entonces gobernador de Entre Ríos, a punto de pronunciarse contra Juan Manuel de Rosas. Era la hija de Cayetano Costa, un próspero genovés que era socio de Urquiza en una empresa naviera.

El instante más doloroso padecido por la cónyuge fue el 11 de abril de 1870 a las 7.30, cuando una partida de seguidores del caudillo Ricardo López Jordán, ingresó al Palacio San José y mató a Urquiza delante de ella y de algunos de sus hijos. Cito a Felipe Pigna: “El general que está tomando mate debajo del corredor se incorpora, sorprendido por el bullicio y, comprendiendo que se trata de un asalto, grita ¡Son asesinos! Y corre a proveerse de un arma. Los asaltantes se acercan. ¡No se mata así a un hombre en su casa, canallas! Les espeta, haciendo un disparo que hirió en el hombro a Luna. ‘Álvarez, entonces –explica el coronel Carlos Anderson, ayudante de Urquiza- y jefe de la Guardia del Palacio, testigo presencial de los sucesos- le tiró con un revólver, y le pegó al lado de la boca: era herida mortal, sin vuelta. El general cayó en el vano de la puerta y en esa posición Nico Coronel le pegó dos puñaladas y tres el cordobés Luengo, el único que venía de militar y que lo alcanzó cuando ya la señora Dolores y Lola, la hija, tomaban el cuerpo y lo entraban en una piecita, en la cual se encerraron con él, yendo a recostarlo en la esquina del frente, donde se conservan hasta ahora, las manchas de sangre en las baldosas”.

Dolores o Dolorcita, como la llamaba Urquiza, fue enterrada en 1896 en el cementerio de la Recoleta. Años más tarde, en 1943, sus restos fueron trasladados al cementerio de Olivos, para posteriormente ser llevados a la Iglesia de Concepción del Uruguay, en 1968, donde reposan actualmente junto a los de su marido.







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