TORQUEMADA, EL GRAN INQUISIDOR
Sentado frente a un plato de verduras hervidas y un vaso de agua, anciano,
flanqueado por un cuerno de unicornio y una vela, no parecía peligroso. Sin
embargo, ese viejo gotoso casi sin cabello y de atuendo sencillo, fue el responsable hace quinientos años de mandar a la hoguera a casi diez mil seres humanos, de infligir las más crueles torturas a otros cien mil, deshacer familias aquí y allá, disparar el odio ciego entre los españoles y expulsar a los judíos de la península. Todo en nombre de Dios. Porque aquel fanático vegetariano que se enorgullecía de no tener amigos y que sólo abandonaba el convento en que vivía rodeado por unas guardia de 240 soldados, era un fraile dominico. Y hasta los 58 años había sido solamente eso, un oscuro fraile dominico. Pero una azarosa coyuntura histórica lo convirtió a partir de entonces en un ciego genocida e inmortalizó su apellido como un sinónimo de terror: Torquemada.
flanqueado por un cuerno de unicornio y una vela, no parecía peligroso. Sin
embargo, ese viejo gotoso casi sin cabello y de atuendo sencillo, fue el responsable hace quinientos años de mandar a la hoguera a casi diez mil seres humanos, de infligir las más crueles torturas a otros cien mil, deshacer familias aquí y allá, disparar el odio ciego entre los españoles y expulsar a los judíos de la península. Todo en nombre de Dios. Porque aquel fanático vegetariano que se enorgullecía de no tener amigos y que sólo abandonaba el convento en que vivía rodeado por unas guardia de 240 soldados, era un fraile dominico. Y hasta los 58 años había sido solamente eso, un oscuro fraile dominico. Pero una azarosa coyuntura histórica lo convirtió a partir de entonces en un ciego genocida e inmortalizó su apellido como un sinónimo de terror: Torquemada.
¿Cómo llegó desde la fe piadosa hasta el tormento?. La vida de Torquemada,
de nombre Tomás, nacido en 1426 en la antigua villa romana de Torre Cremata
-de allí su apellido-, cerca de Valladolid, puede dar algunas pistas. O quizás no de
ninguna. Era hijo único de un modesto hidalgo, además tenía un tío Cardenal y un abuelo que se había casado con una rica judía conversa, algo usual en aquella época. Ingresó a la Orden de los Dominicos a la tierna edad de 14 años y pronto mostró cualidades poco comunes, como una gran contracción al estudio y un celo extremo en el cumplimiento de la regla interna, que lo transformaron, poco menos que en un asceta.
ninguna. Era hijo único de un modesto hidalgo, además tenía un tío Cardenal y un abuelo que se había casado con una rica judía conversa, algo usual en aquella época. Ingresó a la Orden de los Dominicos a la tierna edad de 14 años y pronto mostró cualidades poco comunes, como una gran contracción al estudio y un celo extremo en el cumplimiento de la regla interna, que lo transformaron, poco menos que en un asceta.
Observaba en forma tan estricta la regla de pobreza que jamás vistió ropas gentiles, ni siquiera una camisa de lino. Por el contrario, elegía las telas más ordinarias y ásperas, y dormía en un catre duro.
Graduado en Filosofía y Teología, no tardó en trascender y ser reconocido como
prior del convento de Santa Cruz, en Segovia. Por su fervor religioso y su celo
administrativo, la Corte lo designó confesor de la infanta Isabel cuando la futura
reina católica llegó a la ciudad. Allí comenzó a gestarse una estrecha relación que se mantuvo hasta la muerte del fraile y que mantuvo algunas semejanzas con la que establecieron la zarina Alejandra con el fanático Rasputín, casi cinco siglos después.
administrativo, la Corte lo designó confesor de la infanta Isabel cuando la futura
reina católica llegó a la ciudad. Allí comenzó a gestarse una estrecha relación que se mantuvo hasta la muerte del fraile y que mantuvo algunas semejanzas con la que establecieron la zarina Alejandra con el fanático Rasputín, casi cinco siglos después.
España vivía entonces tiempos de Reconquista con una corte viajera que andaba de aquí para allá acabando con los restos que quedaban de los setecientos años de dominación musulmana. Allí marchaba el pendón castellano al frente de las tropas y detrás los hombres de la Iglesia, transformando mezquitas en templos católicos, difundiendo el catecismo de manera febril, convirtiendo a judíos y mahometanos al cristianismo. Isabel, reina desde 1474, buscaba recobrar la unidad territorial perdida en el 711. Torquemada, la unidad de la fe: un pueblo, una religión. ¿Cómo conciliar los dos propósitos? Para el fraile había un solo camino: la Inquisición, que pese a que había sido creada dos siglos antes, todavía no se aplicaba en Castilla.
No le resultó fácil a Torquemada convencer a Isabel. La reina, pese a su
profunda fe católica, no estaba dispuesta a cederle al Papa tanta injerencia sobre
sus territorios, ya que la Inquisición dependía directamente de Roma. Torquemada
debió maniobrar entonces con mucha inteligencia para encontrar los argumentos
justos y halló la oportunidad en la propia Reconquista: el tesoro real estaba exhausto y la Inquisición era una oportunidad para recomponerlo a través de las
confiscaciones. Sin embargo, Isabel aún no estaba decidida a perder la imagen de
tolerancia de que gozaba el reino.
LA EXCUSA
Una noche, en Sevilla, un joven noble de la casa española de Guzmán estaba en
casa de su amante conversa cuando oyó voces en el patio de abajo: el padre de la
muchacha y otros parientes atacaban a la fe cristiana con los términos más
injuriosos. El joven dejó la casa y le fue a contar al prior dominico Ojeda lo que
había escuchado. Como consecuencia de la denuncia, seis hombres fueron detenidos y condenados. Ojeda, con el apoyo de Torquemada, pidió a la reina la Inquisición y la mujer, ya convencida, en septiembre de 1478 dio instrucciones a su representante en la corte papal, Don Francisco de Santillana, para que solicitase una bula en ese sentido al Papa Sixto IV. En diciembre, los soberanos ya contaban con la autorización. En 1480 se puso en marcha la Inquisición en Castilla y en 1483, Torquemada fue nombrado su jefe absoluto: tenía 58 años.
¿QUE ERA LA INQUISICION?
La Inquisición no se ocupaba de los devotos de otras religiones sino de los
conversos y de los cristianos que se desviaban de la religión católica. Los
Tribunales del Santo Oficio fueron creados en 1224 con una bula de excomunión
dictada por el Papa Inocencio III, a raíz de la cruzada emprendida contra los
albigenses, sectarios religiosos que vivían al sur de Francia.
La cruzada terminó en un genocidio y uno de sus líderes fue el español Domingo
de Guzmán -el futuro Santo Domingo-, quien después fundó la orden de los
dominicos dedicada a combatir la herejía. La palabra dominicano puede
descomponerse en domini canes, es decir, los perros del Señor.
Mucho antes de aplicarse en Castilla, la Inquisición ya hacía estragos en Italia,
Francia, los reinos alemanes y Aragón. Los Tribunales estaban autorizados a
buscar, torturar y condenar a todos los herejes, a quienes después entregaba al
poder secular para que los quemase. La bula de excomunión fue extendida a todos
los que ayudaban a escapar a las víctimas y a sus hijos, ya que aunque estos
fueran inocentes, eran descalificados para obtener honores o cargos públicos a
menos de que hubieran servido de instrumentos en la denuncia de los pecados
de sus padres.
El procedimiento y los métodos de la Inquisición están basados principalmente
en el Directoriam Inquisition de Nicolás Eymeric, inquisidor general de Aragón,
publicado a mediados del siglo XIV.



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