¿PERO HUBO ALGUNA VEZ... HADAS?
En el mundo fabuloso de las leyendas y los mitos hay lugar para dos
personajes femeninos que se hicieron inmortales: las hadas y las sirenas. Las
primeras, viviendo para siempre en el bosque, subidas a los árboles o sentadas
en las ramas más bajas. Las otras, nadando en el mar, o descansando sobre una
roca, con su cuerpo mitad pez, mitad humano. Tanto unas como otras suelen ser hermosas, tener el cabello muy largo, hasta la cintura, y cantar fantásticamente
bien. Hay cientos de historias sobre ellas, desde el principio de los tiempos.
Algunas tristes, la mayoría alegres.
Los griegos creían ver en la espesura de los bosques, a veces, la
silueta de una mujer joven y bellísima. Cuando salían de su asombro e iban en
su búsqueda, la supuesta mujer desaparecía para siempre de su vista. ¿Qué había
pasado? ¿Un sueño? ¿Una ilusión?
A los romanos les pasó lo mismo. También
muchos de ellos creyeron ver, en algunas ocasiones, a una muchacha muy bella
sentada en la rama de un árbol o en una roca, con una sonrisa de lado a lado y
un halo de luz rodeándola. ¿Una visión?
Estas leyendas adquirieron más fuerza
unos mil años más tarde, durante la Edad Media. Fue el período durante el cual esas
mujeres recibieron nombre: hadas, el femenino de “hado”, una palabra que significa
“destino”. Y el mito creció en detalles. Las misteriosas muchachas pasaron a
tener alas de mariposa al costado del cuerpo, y a estar vestidas con sedas y
tules de delicados colores. Y dejaron de desaparecer de la vista para entrar en
contacto con el hombre, darle consejos, ayudarlo e inclusive casarse con él y
darle hijos.
En 1917 Elsie Wright y Frances Griffiths eran solo dos niñas, una de 16 y la otra de 10 años, a las que les gustaba tomar fotos en el fondo de su casa con la cámara de padre. Una foto en particular se hizo muy famosa. ¿Qué mostraba? A Frances mirando a la cámara mientras un grupo de hadas bailaba en una rama en primer plano. Algunos fotógrafos examinaron la foto y señalaron que no había truco. Otros dudaron. ¿Cómo unas chicas iban a poder llevar a cabo un engaño semejante? El autor de Sherlock Holmes, el escritor Arthur Conan Doyle, vio la foto y no dudo. “Es auténtica”, dijo. ¿Lo era? Se armó un gran debate en la sociedad inglesa, porque aparecieron más fotos…
El gran mago y escapista
Harry Houdini era amigo de Doyle, y a diferencia de aquel, no creyó en la
veracidad de las fotografías. Le dijo al escritor que había un truco en ellas,
pero el autor de Sherlock Holmes no quiso saber nada de eso. También el laboratorio
Kodak dijo que no eran auténticas, pero nada hizo cambiar su opinión.
Lo que no se dijo de entrada es que una de las jóvenes, Elsie Wright, ya era entonces una gran retratista y pintora. Y que había trabajado durante un tiempo en un laboratorio fotográfico, donde su tarea consistía en crear fotos compuestas de soldados caídos en batalla, con las fotografías de sus seres queridos. O sea que estaba en condiciones de falsificar las imágenes.
Cuando las niñas dejaron de ser niñas y fueron señoras muy mayores, alguien de la prensa se acordó de las fotos de las hadas y las preguntó si hubo o no truco. Entonces admitieron que sí, que hubo truco, pero solo con las primeras cuatro fotografías. La quinta, aseguraron, era real. Y también dijeron que jugaban ciertamente con las hadas, que eso no era un engaño.
Lo que no se dijo de entrada es que una de las jóvenes, Elsie Wright, ya era entonces una gran retratista y pintora. Y que había trabajado durante un tiempo en un laboratorio fotográfico, donde su tarea consistía en crear fotos compuestas de soldados caídos en batalla, con las fotografías de sus seres queridos. O sea que estaba en condiciones de falsificar las imágenes.
Cuando las niñas dejaron de ser niñas y fueron señoras muy mayores, alguien de la prensa se acordó de las fotos de las hadas y las preguntó si hubo o no truco. Entonces admitieron que sí, que hubo truco, pero solo con las primeras cuatro fotografías. La quinta, aseguraron, era real. Y también dijeron que jugaban ciertamente con las hadas, que eso no era un engaño.



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