RÍO REVUELTO
Todavía estaba Pisarz con los pies en el aire al llegar al vestíbulo cuando empezó a sentir una extraña sensación, la de regresar de alguna parte, de un plato volador, luego de haber sido abducido. Estaba mareado y acudieron a su garganta las primeras náuseas. Le dolían los brazos, las axilas, sentía como un pinchazo a la altura de la ingle. Derrotado, humillado y todavía tieso a la fuerza, cerró los ojos y resignado dejó que todo sucediera de una vez para que la pesadilla desapareciese rápido, el escándalo, el bochorno. Ya adentro del patrullero cayó hacia un costado como un paquete, y con la boca abierta y floja llenó de vómito el uniforme de uno de los policías. (De RÍO REVUELTO, Novela inédita)



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