EL SABLE

Los Taunus celestes del Servicio de Informaciones del Ejército empezaron a seguir a Spina por las calles del maldito barrio de siempre. Al principio sigilosos, huidizos, casi indetectables. Casi. Pero después del quilombo de la UTA no hicieron ningún esfuerzo en disimular su presencia. Circulaban despacio, a paso de hombre, al lado del cordón, paralelo al paso del dirigente juvenil, que hacía como que no les daba bolilla, que no tenía nada que ocultar, cuando en realidad estaba esperando que de un momento a otro uno de esos monos de civil bajase y lo metiera adentro a las piñas. Bien a las piñas tenía que ser, porque él se iba a defender. “Nadie me va a llevar de prepo”, pensaba... (DE 2EL SABLE", Editorial Atlántida, 2012)



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