CÓMO SE VIVÍA EN EUROPA HACE MIL AÑOS (Segunda Parte)
El estado sanitario era comparable al de África en el 1900. Las epidemias hacían estragos, como una conocida como el Mal de los ardientes o el Fuego de San Antonio. ¿Qué era? Una enfermedad por carencia que provocaba el consumo del tizón de centeno incluido en la harina. Un cronista de la época describió así los síntomas: "Es un fuego escondido que ataca un miembro, lo consume y lo despega del cuerpo. Esta horrible combustión devora completamente a los hombres en el curso de una sola noche". ¿El remedio?: rogar a Dios y desenterrar de las tumbas a los santos protectores para que a su influjo se curaran los enfermos. Aunque parezca mentira, este último recurso daba resultados.
La base de la alimentación de los pudientes era la carne. La de los pobres, el pan. La carne que se comía era la de buey, de vaca, cordero, ternero, aves y los productos de la caza. Por eso, privarse de carne era la máxima penitencia: se prohibía consumirla los viernes, en vísperas de la vigilia, cuando había un cambio de estación, los cuarenta días previos a la Pascua, y los miércoles. Los días de vigilia se consumía pescado.
La vajilla era simple: se comía la carne sobre una tajada de pan. En
la casa de los ricos ese pan era arrojado después a los perros, que eran
muchos. Los pobres, en cambio, se lo comían.
La mala alimentación y los pocos
conocimientos médicos tornaban casi imposible conservar sana la dentadura. En
Oriente se intentaba hacer dentaduras postizas con dientes de muertos, pero en
Occidente no había remedio. Los sacamuelas iban de pueblo en pueblo arrancando
las piezas que dolían hasta dejar las encías vacías. La operación se acompañaba
con el redoble de uno o más tambores que intentaban acallar los gritos
desgarradores de los pacientes.
Era una sociedad brutal donde importaban poco la muerte y el dolor físico. El clásico torneo no era una competencia
entre dos caballeros montados a caballo cabalgando uno contra otro blandiendo
sus lanzas, como algunos suponen, sino el enfrentamiento entre dos hordas
enfurecidas que dejaba un gran número de muertos y heridos, pese a que se hacía
por diversión. Había violencia por todos lados: las bandas armadas de
caballeros asolaban a los campesinos a quienes robaban en formas descarada.
También había bandidos que recorrían los pueblos aprovechándose de los
ingenuos.
La pena de muerte se aplicaba a pocos
delitos, ya que casi siempre todo se arreglaba mediante el pago de una multa.
Pero cuando cabía, su ejecución se hacía
en público y con gran espectacularidad: debía correr mucha sangre.
Llama la atención, sin embargo, algunas consideraciones que tenía aquella sociedad en comparación con la nuestra. Por ejemplo, en el año 1000 no se encerraba a los locos, en la creencia de que éstos, de algún modo, participaban del conocimiento de las cosas invisibles. La consigna era respetarlos, no apartarlos.
Se temía menos a la muerte que hoy: se
acompañaba al agonizante en sus últimas horas, se estaba atento a sus gestos. Ya muerto, se lo velaba en la Iglesia y se organizaba un banquete alrededor de
su cadáver. (Continuará...)



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