CARRERA AL POLO SUR, LA AVENTURA OLVIDADA
Uno, noruego, experto navegante y el más apto de los hombres de principios del siglo veinte para emprender la aventura hacia los polos. El otro, inglés, audaz y comprometido hasta su última fibra para lograr el sueño de clavar la bandera del Reino Unido en la cima sur del mundo. Roald Amundsen y Robert Scott, unidos por la misma aspiración, separados por la nacionalidad. Los dos protagonizaron una carrera épica a través del hielo del Polo Sur, sorteando todas las dificultades. Ambos cumplieron, pero el noruego llegó primero. Scott quedó con el sabor amargo de arribar en segundo término, y para colmo pagó con su vida y la de sus hombres el precio de la aventura.
El 1 de junio de
1910 Scott partía de Londres a la Antártida por segunda vez, ahora a bordo del
barco Terra Nova. Todo iba bien y el ánimo de la tripulación era el mejor ya
que se sentían confiados por la experiencia del capitán inglés. Pero al llegar
a Melbourne (Australia) el 12 de octubre, un telegrama enviado desde la isla de
Madeira les cambió la expresión: "Me permito informarle que el Fram se
dirige hacia la Antártida. Amundsen”.
Scott se puso
pálido: le había salido un duro competidor. Además, consideraba desleal la
acción del noruego, quien no había hecho pública su intención de viajar al Polo
Sur.
Amundsen tocó la
costa antártica en enero de 1911, un mes después que Scott. El noruego fondeó
en la Bahía de las Ballenas, situada unas 60 millas más cerca del polo que la
base Mc Murdo, donde había desembarcado el inglés. La expedición de Amundsen la
integraban nueve hombres y 116 perros. No bien dejaron el Fram establecieron su
base sobre la barrera de Ross, y mientras esperaban la noche antártica (el 21
de abril), organizaron la base y fijaron diferentes depósitos de provisiones en
los 80º, 81º y 82º de latitud sur. Scott
dividió a sus hombres en diferentes equipos de apoyo que regresarían a medida
que el avance prosiguiese. El grupo que se dirigiría finalmente al Polo estaría
integrado por cinco personas. El inglés llevaba algunos trineos a motor, lo que
se iban a probar por primera vez, y desilusionado por el desempeño de los
perros en su primer viaje, solo llevó 39 en esta ocasión. La novedad fue que
incorporó 19 caballos enanos siberianos como refuerzo.
Amundsen y cuatro
compañeros avanzaron en forma rápida a razón de 13 millas náuticas por día, con
13 perros por trineo. Recién detuvieron la marcha en los 85º de latitud sur,
frente a una cadena montañosa: el glaciar Axel Heiberg, plagado de grietas.
La expedición de
Scott, por su parte, pronto comenzó a pagar las consecuencias de algunas
decisiones equivocadas. Los trineos a motor se movían por medio de una oruga
mecánica (como los tanques), pero se averiaron casi inmediatamente. Para colmo
los caballitos se hundían en la nieve profunda y como su cuerpo transpiraba
mucho la piel se les congelaba. Scott dio entonces la orden de sacrificarlos.
La ventaja de los perros con respecto a los caballos es que solo transpiran por
la lengua y son capaces de dormir a la intemperie a temperaturas inferiores a
-40º C.
El 3 de enero de
1912, a los 87º 32´ de latitud sur, Scott eligió a los cuatro hombres que los
acompañarían hasta el final: Wilson, Oates, Bowers y Evans. Aún les quedaba por
delante un camino de 169 millas hasta el Polo Sur.
Amundsen, tras
escalar el glaciar Heiberg, sacrificó a algunos perros y a finales de noviembre
encontró su último gran obstáculo: el glaciar Devil's Ballroom, plagado de
grietas cubiertas por una espesa capa de nieve. El 8 de diciembre, con 18
perros y tres trineos, estaba a 95 millas del Polo.
Cuanto más cerca
se encontraba aumentaba el temor de ser batido por Scott. Pero a las 15 del
viernes 14 de diciembre de 1911 un grito simultáneo de ¡Alto!, salió de las
gargantas de los cinco noruegos: los 90º de latitud Sur. El Polo Sur de la
Tierra.
"Nunca he
conocido a nadie que se haya visto tan diametralmente enfrentado a sus deseos.
Desde niño he soñado con llegar al Polo Norte, y heme aquí en el Polo
Sur", escribió entonces Amundsen en su diario.
Durante tres días
los noruegos se dedicaron a hacer mediciones con el sextante. Antes de iniciar
el regreso dejaron una bandera noruega, una tienda negra (a la que bautizaron
con el nombre de Poleheim) y una carta: "Querido Comandante Scott: Como
usted será probablemente el primero en llegar aquí después de nosotros, ¿puedo
pedirle que envíe la carta adjunta al Rey Haakon VII? Si los equipos que hemos
dejado en la tienda pueden serle de alguna utilidad, no dude en tomarlos. Con
mis mejores votos, le deseo un feliz regreso. Sinceramente suyo. Roald Amundsen".
El 25 de enero estaban
de vuelta a su base: tardaron 97 días entre ir y volver.
La expedición
inglesa alcanzó el paralelo 89º latitud sur el 13 de enero. Tres días más
tarde, al mediodía, Bowers distinguió a lo lejos una mancha oscura en el
horizonte: media hora más tarde se daban cuenta de que era una bandera atada a
un trineo. Cerca había restos de un campamento y huellas sobre la nieve de
trineos y de perros.
El 17 de enero los
ingleses llegaron oficialmente al Polo Sur, pero habían sido derrotados en la
carrera.
"¡Dios mío!
Este es un lugar horrible, aún más terrible por haber trabajado tanto sin
obtener la recompensa de ser los primeros", escribió entonces
Scott en su diario.
El regreso fue
penoso. La nariz de Evans se congeló, Oates empezó a sentir cada vez más sus
pies fríos, el avance se hizo lento. La debilidad afectaba a todos, al punto
que Wilson se lesionó una pierna en una caída, Scott el hombro y Evans perdió
dos uñas de una mano. El 11 de febrero,
en pleno descenso del glaciar Beardmore, equivocaron el camino y se internaron
en una masa de hielo extremadamente accidentada. Durante dos días dieron
vueltas sabiendo que el depósito de víveres no podía estar muy lejos, pero sin
poderlo encontrar.
Evans sufrió un
colapso el 16 de febrero y se retrasó para ajustarse las botas. Como no
regresaba, el grupo volvió a buscarlo: lo encontraron arrodillado en la nieve
con una mirada salvaje. Esa misma noche moriría.
A principios de
marzo Oates no pudo disimular su dolor en los pies: estaban negros y la
gangrena muy extendida. El 16, consciente de no poder continuar y no queriendo
ser un estorbo para sus compañeros, les pidió que lo dejaran allí. El resto se
negó. En medio de una fuerte tormenta y con -43º C de temperatura, salió de la
tienda y nunca regresó.
El 20 de marzo una
fuerte tormenta les imposibilitó al resto salir de la tienda y recorrer los 18
km que los separaban de un depósito de víveres y combustible. A esa altura, el
pie derecho de Scott estaba congelado.
Nueve días
después, el duro capitán inglés anotó: “Afuera, delante de la puerta de la
tienda, todo el paisaje es una terrible ventisca. Resistiremos hasta el final.
La muerte ya no puede estar demasiado lejos: es una lástima, pero no creo poder
seguir escribiendo. Por el amor de Dios, cuiden de nuestras familias".
Ocho meses
después, una expedición encabezada por Edward Atkinson encontró la tienda
semienterrada en la nieve. Bowers estaba envuelto en su saco y Wilson tenía las
manos cruzadas sobre el pecho, parecía que ambos habían muerto mientras
dormían. Scott yacía con medio cuerpo fuera del saco y uno de sus brazos
extendido hacia Wilson.
A la edad de 43
años el capitán de la armada británica había sido el último en morir.



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