Cositas de nuestras Primeras Damas (28)
Cada vez que doña Rafaela de Vera Mujica, criolla nacida en Santa Fe de la Vera Cruz en 1753, reunía a sus hijos para una celebración, no le alcanzaba una mesa para sentarlos a todos. Ocho habían sido gestados por ella, y otros nueve dados a luz por María Ignacia Ramery, la primera esposa de su marido, el español don Joaquín Del Pino. En total fueron diecisiete, nacidos en distintos puntos del Virreinato del Río de la Plata, adonde a Del Pino le tocara ejercer como funcionario real. En uno de estos destinos, Chile, se enteró Joaquín, ya con setenta y dos años a cuestas, que debía hacerse cargo del Virreinato en Buenos Aires, en reemplazo de Gabriel de Avilés, a quien ya había reemplazado en la Capitanía General de Chile.
Hay un documento que revela cómo Rafaela cuidaba las formas y el qué dirán. Está fechado en la ciudad altoperuana de La Plata (hoy Sucre), y dice “por lo que me toca a los regalos que hacen en esta, estamos en no recibir a ninguno, por lo mucho que se habla en esta ciudad. Y varios regalos que me han hecho de importancia los he devuelto a fin de evitar de que se diga algo, con que así tan solo recibimos varias frioleras que no tienen valor ninguno”.
Más se debe haber cuidado todavía en Buenos Aires, donde agasajar a la pareja virreinal era una consigna de la clase pudiente. Ella le devolvía gentilezas organizando tertulias en su amplia casona, que estaba en la actual esquina de Perú y Belgrano.
Rafaela, ya viuda, murió en el año de la independencia, en 1816. De ella se recuerda su fuerte personalidad y gran manejo de las relaciones sociales. De su marido sobrevivió por muchos años una de sus obras, la Recova, que dividía la actual Plaza de Mayo en dos sectores y fue demolida recién en 1884.
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