Cositas de nuestras Primeras Damas (26)

El 17 de diciembre de 1819 se casaban por poder, en la catedral de Todos los Santos, en Santa Fe, María Josefa del Pilar Rodríguez del Fresno, con el flamante gobernador de la provincia, Estanislao López. María Josefa contaba para entonces con diecisiete años y su marido, con treinta y tres. Seis meses después nacía el primer hijo de la pareja (hubo seis más), la niña Mercedes, quien tendría una larga vida. 




El caudillo se excusó de estar presente aduciendo “graves ocupaciones” por “tener que hallarme en campaña”. Es que se libraba un nuevo capítulo de la guerra civil argentina, que conduciría, un mes más tarde, al más resonante triunfo de López, la victoria en la batalla de Cepeda, junto al entrerriano Francisco Ramírez. 
Estanislao López, apodado el “patriarca de la federación”, se hizo representar ante el sacerdote José Amenábar, por un tal Vicente de Mendoza, evidentemente hombre de su más estricta confianza. 
El casamiento significó un ascenso social para López ya que su esposa era hija del médico más prestigioso de la provincia, el gallego Don Manuel Rodríguez, oriundo de La Coruña. Rodríguez protagonizó dos hechos trascendentes: curó las heridas del coronel José de San Martín luego del Combate de San Lorenzo (1813), y embalsamó la cabeza del caudillo entrerriano Francisco Ramírez (1821) para su yerno, quien la exhibió durante meses en una jaula en la puerta del Cabildo santafesino. Dicen que Ramírez pudo haber salvado su vida luego de ser derrotado en Chañar Viejo, pero al descubrir que habían capturado a su amante, la Delfina, volvió sobre sus pasos y cayó en manos de sus enemigos.


La pareja López-Rodríguez vivió toda su vida en la casa del padre de la mujer, propiedad que aún existe (avenida General López y 9 de Julio), y ha sido convertida en museo y centro cultural. En apariencias el matrimonio fue bien avenido y mantuvo una buena relación, hasta que la enfermedad del gobernador truncó su vida con apenas 51 años (1838). Dice López Mato en “La Patria enferma”, que el caudillo santafesino sufría los embates de la tuberculosis, que primero fue tratado por su suegro, y a la muerte de éste por el irlandés James Lepper, médico personal de Juan Manuel de Rosas. 
Lepper, en sus tiempos de médico naval, había atendido nada menos que a Napoleón Bonaparte durante su cautiverio en la isla de Santa Elena. 
María Josefa murió en 1858 en Santa Fe. Conservó siempre entre sus papeles la carta que le mandó Rosas a la muerte de su marido, expresándole su pena por la pérdida: “El infrascripto, penetrado del más profundo pesar por la muerte del Exmo. Señor Brigadier Don Estanislao López, tiene la honra de dirigirse a su virtuosa Esposa para manifestarle cuán sinceramente participa del dolor y amargo sentimiento que afecta a la Provincia de su mando, por la irreparable pérdida que en el fallecimiento de Su Excelencia ha sufrido la Confederación”, dice la misiva.

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