Cositas de nuestras Primeras Damas (21)

Bastante peculiar fue el matrimonio que formó el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredon, con María Calixta Josefa Tellechea Caviedes, celebrado el 14 de mayo de 1815. Peculiar no solo por la edad de la pareja, una niña de 13 años, sino porque Pueyrredon (gobernó entre 1816 y 1819) contaba para entonces con 39, y además eran sus terceras nupcias. Antes de Calixta había estado casado con su prima hermana, Dolores de Pueyrredon, y luego con Juana Sánchez Fruto, con quien fue padre de su segunda hija, Virginia. La primera, María de los Ángeles, la había tenido en una relación extramatrimonial durante su juventud.

La peculiaridad del matrimonio con Calixta se debe a que Pueyrredon, como integrante del Primer Triunvirato, firmó la orden de ejecución del padre de la niña, Francisco Tellechea, un riquísimo comerciante español que había conspirado en 1812 contra el gobierno. Se trató de la famosa conjuración de Martín de Álzaga, cuyo resultado fue sangriento: veintinueve condenados a la pena de muerte, fusilados y colgados en la Plaza de la Victoria, veintitrés enviados a presidio y once desterrados.

Papá Francisco no solo le dejó a Calixta, para sus pesadillas, la imagen de un cuerpo acribillado a balazos pendiendo de una soga en la Recova durante días, sino una cuantiosa herencia. Lo más destacado: una veintena de esclavos y una vastísima propiedad en Buenos Aires, sobre la actual calle Defensa, desde donde salieron los cañonazos en 1807 contra los ingleses. Las huellas de los impactos aún pueden observarse en la torre derecha del convento de Santo Domingo. También heredó Calixta la famosa quinta de San Isidro, actual Museo Pueyrredon.

Siete años y medio después del casamiento, cuatro desde que Pueyrredon dejara el cargo de director supremo, nacía Prilidiano, el artista, el gran retratista de aquella sociedad. Calixta tenía para entonces 21, y el padre, 47. Doce años después, la pareja se radicaría en Europa.

Una última observación: el nombre de Prilidiano. El varoncito nació un 24 de enero, y en aquella época era costumbre obedecer al santoral y designar a la criatura con el nombre del santo del día. Le hubiera correspondido Francisco, por San Francisco de Sales, pero Francisco había sido el nombre del abuelo fusilado, el abuelo conspirador. Entonces, quizás para no resucitar aquel fantasma, se optó por Prilidiano, extraño nombre, aparentemente el de un santo menor, un niño mártir del Imperio Romano.




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