EL TERRIBLE BOMBARDEO DEL 16 DE JUNIO DE 1955 (Fragmento de LOS DEMONIOS)

"Entonces la primera bomba y después la nada. La sordera. Polvo que flota en el aire, muy despacio, muy leve, y un avión inmóvil allá arriba, como un pájaro embalsamado, un pájaro metálico. Beechcraft, Gloster Meteor, Douglas, North American.

"Explotó sobre los autos estacionados sobre Hipólito Yrigoyen. La segunda sobre un trolebús que iba por Paseo Colón. El vehículo se venció sobre el lado izquierdo, sus puertas se abrieron y una horrenda carga de muertos y heridos se precipitó a la calle como si fueran la carga de un camión hormigonero. Vomitados del ómnibus, agonizantes, unos sobre otros, mutilados, chamuscados, humeantes, yacían desparramados algunos, apilados la mayoría sobre la calle. ¿Quién le habrá acertado al trolebús? ¿Naburus? ¿Raum? ¿Barba? ¿Quién de ellos se habrá sentido Fuchida en ese momento, volando bajito sobre Diagonal Norte y la Plaza de Mayo? ¿No era acaso Buenos Aires otro Pearl Harbor? ¿No valía la pena el bombardeo? 

"Una camioneta quedó atrapada entre el fuego de las bombas al lado del trolebús. Después supe que su conductor era un judío alemán que se había salvado del Holocausto y rehecho su vida en la Argentina. Padre de dos hijos, industrial… Escapó apenas del tremendo bombazo que reventó el vehículo… ¡Dos veces renacido!... Eludió providencialmente el fuego de la metralleta de los aviones que volaban bajito, más asesino aún que las bombas… ¡Tres veces renacido!... Hasta que los cables eléctricos del trolebús se enredaron en la camioneta, como si fueran los tentáculos de un pulpo, y descargaron un shock fulminante e inútil, un choque de corriente brutal que lo atravesó, lo puso de pie dentro de la cabina como un muñeco de fogata y lo terminó consumiendo por completo.

"La mampostería del edificio del ministerio se iba despegando al paso de la ráfaga, como si fuera el cierre de un pantalón. Ra-ta-ta-ta-ta… La mampostería cayó sobre los que habían buscado refugiado contra esa pared, contra esa gigantesca pared, que de pronto pareció de cartón. La mampostería se despegó toda y cayó en bloques sobre las cabezas de los pobres infelices, sepultándolos debajo de los escombros. Cayó sobre la cabeza de esa mujer que, supe luego, había ido al centro a hacer un trámite, sobre la de su hijo, sobre la de los oficinistas, sobre la del vendedor de lotería, sobre la del ama de casa, cayó la mampostería y sepultó, tapó todo, no dejó ver más la vida". (De: LOS DEMONIOS, Editorial Vitruvio, Madrid, 2017).




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