MORDAZA Y PISTOLAS ARDIENTES
El desencanto y la evasión fueron dos de las características principales que marcaron la Argentina de los años treinta. Desencanto, porque la rutina del fraude político y de las proscripciones terminó por frustrar toda esperanza de participación política. Evasión, porque esa realidad hostil condujo a una salida a veces amarga, como el curioso encadenamiento de suicidios de personajes famosos como Alfonsina Storni, Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga y Lisandro de la Torre, y a veces agridulce, expresada en la búsqueda de un desahogo a través del arte.
La
Argentina del general Agustín P. Justo (1932-1938) fue la del pacto
Roca-Runciman, que para garantizar que los ingleses continuaran comprando
nuestras carnes puso al país al nivel de una colonia. Ya lo había dicho con
indisimulado orgullo el vicepresidente Julio Roca (h): “La geografía política no siempre logra en nuestros tiempos imponer sus
límites territoriales a la actividad de la economía de las naciones. Así ha
podido decir un publicista de celosa personalidad que
Y también fue
Ese mismo año, en Medellín, se mataba Carlos Gardel en un accidente de aviación.
Repatriados sus restos, el entierro convocó a más de cien mil personas.
Eran tiempos de pistolas y de padrinos. De una
Rosario transformada en
Poco cambió el panorama en 1938 con la
asunción del nuevo presidente, el radical Roberto
Marcelino Ortiz, producto de una alianza entre conservadores, socialistas (los
famosos y extraños socialistas argentinos) y radicales anti-yrigoyenistas que
recibió el nombre de Concordancia. Este abogado de los ferrocarriles ingleses
tuvo mucha mala suerte. Después de asumir, al poco tiempo enfermó
de diabetes y quedó ciego. No tuvo más remedio que renunciar (1942) y dejar el
cargo en manos del vicepresidente, el conservador Ramón Castillo. Ortiz falleció
ese mismo año, igual que Marcelo Torcuato de Alvear y el general Justo. Una
generación daba paso a la siguiente.
El
mundo estaba en guerra y el país amordazado. Y mientras se discutía si era
mejor estar con los aliados o con los alemanes, los republicanos españoles que
habían conseguido huir de la guerra civil, se peleaban a mano limpia con los
franquistas en la esquina de Salta y Avenida de Mayo.
¿Y los
argentinos? La crisis del treinta produjo una migración masiva de las
provincias hacia los grandes centros urbanos, especialmente a Buenos Aires.
Para entonces el intendente Mariano de Vedia y Mitre había remodelado el
centro, ensanchado la avenida Corrientes, abierto

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